El tercer evento del ciclo „Movimientos de Mujeres – Luchas Feministas en América Latina“ del 18.02.2021 da lugar a dos grandes mujeres: Tarcila Rivera Zea y Claribed Palacios. Tarcila Rivera Zea de Perú es una de las activistas indígenas más reconocidas en el mundo. Ella es, entre otras, fundadora y presidenta del Centro de Culturas Indígenas de Perú (Chirapaq), que actúa en la preservación de la cultura y en la formación de mujeres y jóvenes líderes indígenas. Y Claribed Palacios de Colombia, presidenta del sindicato Unión de Trabajadoras Afrocolombianas del Servicio Doméstico (UTRASD) y una de las lideresas de trabajadoras domésticas más reconocidas en Latinoamérica. Su sindicato se ha posicionado como una organización social interseccional por sus luchas afrodescendientes y de género.

Las dos oradoras dejan claro desde el principio: la exclusión social y la opresión estructural está tallada en la historia de América Latina. Es producto de la explotación colonial de los recursos y habitantes autóctonos y del proceso de dominación justificado por la imagen de inferioridad, borrando la diversidad y especificidad histórica de los pueblos indígenas y afrodescendientes desde siglos. Asimismo, por mucho tiempo la realidad y las luchas particulares de las mujeres indígenas y afrodescendientes no fueron tomadas en cuenta por el movimiento feminista alrededor del mundo. Sus formas de resistencia en América Latina nacen de una multidimensionalidad de opresiones y por eso tienen un potencial único y poderoso de transformación.

 En América Latina se llevan luchas colectivas e intergeneracionales para garantizar los derechos de las mujeres marginalizadas. La lucha de empoderamiento e igualdad de género de las mujeres indígenas incluye la reivindicación de dos derechos: Derechos colectivos como pueblos y culturas con sus propias particularidades y los derechos individuales. Sea lo colectivo y lo individual se complementan cuando se habla desde la perspectiva de Tarcila Rivera Zea de la lucha de mujeres indígenas. La colonialidad del poder, como se ha señalado, está vinculada a la creación moderna/colonial del racismo. La categoría del racismo es una categoría histórica y juega un papel crucial en el paradigma moderno colonial y en la acumulación y expansión capitalista. Tarcila explica, como las mujeres indígenas recuperaron desde la propia cosmovisión o filosofía de lo que significaba la complementariedad entre los diferentes. Considera que su acción de revalorar y reivindicar derechos está en lo que significa la complementariedad entre derechos individuales y derechos colectivos. 

Justo ahí es que Tarcila alude a las diferencias de la lucha de mujeres indígenas y no indígenas: las mujeres no solo eran mujeres pobres, mujeres de un país, sino eran mujeres con lengua propia, con formas y expresiones culturales propias. Estas expresiones y rasgos culturales no eran aceptados en el escenario público desde el sistema formal y entonces en ello la lucha de las mujeres indígenas va más allá de la igualdad de género, ya que también está la lucha de reivindicar lengua, cultura e identidad propia. Es justo bajo esa relación de las múltiples dimensiones de desigualdades y formas de opresión sobre la identidad social de las personas considerando la etnia, la clase social y el género, que las mujeres indígenas y afrodescendientes en América Latina se ven afectadas.  

También Claribed remite a un discurso excluyente y desigual. La falta de apoyo a pueblos indígenas y afrodescendientes y su subordinación estructural y política les hace parte de la minoría que el estado y la sociedad intentan de forma consciente o inconsciente mantener al margen de la sociedad, por lo que reclama el reconocimiento y unión de las mujeres Negras, Indígenas y mestizas. Para Claribed, la unión afrocolombiana de las trabajadoras domésticas puede ser entendida como un feminismo más popular, porque las luchas pasan por el reconocimiento de la mujer Negra. En la lucha está la búsqueda de igualdad para todas, pero también el acceso a la educación, a los servicios de salud, el derecho a la participación política, el acceso justo a recursos naturales, la protección del medio ambiente y la lucha contra todas las formas de explotación capitalista.

Exigen también en Colombia y Perú, países profundamente desiguales, el trabajo de calidad y reconocimiento social que también da acceso a las redes políticas y sociales, a servicios públicos, además de participación e integración en la comunidad. Sin embargo, hay una desatención muy fuerte por parte del estado por reconocer sus territorios y por donar unas políticas públicas que realmente apunten a ese empoderamiento de la mujer y de las comunidades. Unas políticas que puedan resolver esas problemáticas de falta de educación y de falta de servicios básicos no existen. Con nuevas leyes se intenta fomentar la cohesión y la igualdad. Sin embargo, esos procesos por sí mismos no alcanzan un cambio. Combatir el estigma y la discriminación con leyes y políticas preferenciales tiene que ser retomado de una nueva perspectiva para cumplir con los objetivos de inclusión social. Las políticas neoliberales no funcionan, ya que también están en contra de la base de una democracia. El neoliberalismo en América Latina sigue los intereses internacionales y no apoya las estructuras y el desarrollo de los países propios, sino de sus políticos y empresarios. Se trata de una cuestión estructural e ideológica en la que desde una posición de poder un sistema opera e interviene para beneficiarse de una realidad desigualitaria en una sociedad. Sobre todo, los pueblos indígenas y afrodescendientes se ven afectadas por esa sumisión sistemática. La lucha por los recursos naturales contra la contaminación, el extractivismo, defendiendo formas de vivir muestra la realidad que no refleja las presupuestas políticas públicas.  Las soluciones que se han buscado, entre ellas, las medidas políticas y legales para defender a los derechos del pueblo indígena y afrodescendientes van en contra de actitudes de discriminación y prejuicios no solo del pueblo, pero también de servidores públicos. 

Un factor importante en el reconocimiento y la aplicación de los derechos indígenas es la movilización y el surgimiento de organizaciones indígenas, por lo tanto los movimientos indígenas se han convertido en importantes actores políticos. Justo en ello ha habido avances. Las dos oradoras consideran indispensable construir un movimiento en alianza y en articulación. Se necesita articular más esfuerzos, más instituciones, más aliados y más personas del común para seguir haciendo y potenciar la lucha. 

Agradecemos especialmente a nuestro socio de cooperación, la Fundación Friedrich Ebert, y por supuesto a las dos maravillosas oradoras: Tarcila Rivera Zea y Claribed Palacios. 

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Redacción de Elisa Hafner.